Vivimos en una realidad extremadamente compleja, que es el resultado de la interacción entre muchos agentes y fuerzas diferentes. Eso hace que sea imposible predecir con exactitud el resultado de un evento o la probabilidad de que ocurra un suceso determinado.
Para entender a qué me refiero, piensa en el típico ejemplo
del bosque que acaba desapareciendo porque unos cazadores matan a todos los
zorros, lo cual causa que aumente la población de liebres, lo cual causa que
desaparezca todo el pasto… lo cual, después de varios “lo cuáles” más, acaba
rompiendo el equilibrio y mandándolo todo al garete.
El funcionamiento del mundo es demasiado complejo como para
explicarlo con una ecuación o con un par de teorías, por mucho que nos
empeñemos. Todo está interrelacionado, y los resultados y efectos colaterales
de acciones como acabar con todos los zorros o aplicar una nueva ley de empleo
son impredecibles.
Este hecho tiene muchas consecuencias interesantes, pero
quiero centrarme en dos que nos afectan directamente:
1,- Muchos de los sucesos que determinan nuestro futuro son
totalmente aleatorios y están fuera de nuestro control
2.- Podemos elegir nuestras acciones, pero en la mayoría de los
casos no podemos predecir con precisión el resultado de las mismas
O lo que es lo mismo: una gran parte de nuestra vida depende
del azar; de que tengamos buena o mala suerte.
La suerte importa más de lo que crees
Si eres como yo, que hasta hace poco creía firmemente que
nuestro destino dependía exclusivamente de nuestras habilidades, nuestro
esfuerzo y nuestro trabajo, puede que te cueste aceptar lo que te acabo que
contar. Pero no tienes más que fijarte en tu situación actual y analizar cómo
has llegado hasta aquí.
En mi caso, tuvieron que darse muchas casualidades para que
acabase trabajando en Microsoft:
- Que a mi padre le apasionase la tecnología y trabajase
vendiendo Macs. Gracias a eso, tuve un ordenador en mi casa prácticamente desde
que nací. Una de mis actividades favoritas cuando era pequeño era sentarme en
silencio durante horas y observar cómo mi progenitor utilizaba esa extraña caja
con el logotipo de una manzana, lo cual contribuyó a desarrollar mi amor por
los ordenadores y a que más adelante decidiese estudiar Ingeniería Informática.
- Que mi padre me diese clases particulares de inglés desde los 10 años. Si no lo hubiese hecho, es muy posible que mi nivel de inglés no fuese lo suficientemente bueno como para que me aceptasen como estudiante de intercambio en una universidad americana.
- Que mi novia me dejase en tercero de carrera. Aunque siempre me había llamado la atención lo de irme un año a estudiar fuera de España, el que Ana Vera me dejase justo después de terminar tercero fue lo que precipitó la decisión. Llegué a la conclusión de que necesitaba un cambio de aires, así que en cuarto solicité todas las becas de movilidad que pude encontrar. Si me hubiese quedado soltero sólo unos meses después, se me habría pasado el plazo y no habría tenido la oportunidad de salir de Extremadura al menos durante la carrera.
- Que Bancaja sacase una beca para estudiar en América. Hasta que llegué a cuarto de Ingeniería Informática, los únicos destinos que ofrecía mi universidad para irse de intercambio eran Portugal, Escocia e Italia. Afortunadamente, justo ese año Bancaja lanzó un nuevo programa de intercambio con universidades americanas.
- Que ninguna universidad de Argentina tuviese convenio con mi universidad. Poca gente sabe esto, pero cuando solicité la beca Bancaja mi intención inicial era irme un año a Argentina. No sé por qué, pero era un país que me llamaba mucho la atención. Las dos universidades que participaban en el programa eran la de Entre Ríos y la de Santiago del Estero, pero casualmente ninguna de las dos aceptaba a estudiantes de Ingeniería Informática. Como el resto de destinos en Sudamérica no me convencían, acabé yéndome a Estados Unidos. De haber podido elegir mi primera opción, me habría pasado ese año disfrutando del calorcito de Santiago del Estero y nunca habría tenido la oportunidad de ser contratado por Microsoft.
- Que conociese a Amadeo y a Marco. Estos dos amigos tuvieron un papel clave para que yo acabase en Microsoft. Una noche, en una fiesta, Amadeo nos contó a Marco y a mí que el verano anterior había hecho las entrevistas para trabajar en Microsoft y, aunque no las había superado, le habían pagado el vuelo a Seattle y todos los gastos del viaje y se lo había pasado muy bien. Gracias a eso, cuando unas semanas más tarde Marco vio un cartel que decía que los recruiters de Microsoft iban a venir a nuestra universidad, me convenció para que mandásemos el currículum “a ver si podíamos irnos los dos juntos a Seattle de fiesta.” Me da un poco de vergüenza reconocerlo, pero realmente así fue cómo conseguí mi primer trabajo.
Como ves, tuve suerte. Acabé en el equipo de Windows a raíz
de una serie de sucesos casuales, algunos de los cuales no dependían en
absoluto de mí, como los relacionados con mi familia, y otros a los cuales
contribuí sin saberlo (si no hubiese estudiado duro en la universidad no habría
tenido los conocimientos suficientes para superar las entrevistas, por
ejemplo).
Pero no soy el único. Si estudias cualquier historia de
éxito siempre encontrarás una combinación de habilidad y talento acompañada de
una gran dosis de fortuna. Parece, por lo tanto, que el éxito depende en gran
medida del azar, pero que al mismo tiempo la probabilidad de que tengamos
suerte está altamente influenciada por las decisiones que tomamos.
Teniendo esto en cuenta, en el post de hoy me gustaría
compartir contigo algunas reflexiones sobre los pasos que debes seguir si
quieres tener buena suerte en tu vida.
1. Limita tus pérdidas
El primer paso para tener buena suerte es blindarte contra
la mala suerte. Más concretamente, necesitas evitar que un golpe de mala suerte
te pueda dejar permanentemente “fuera de juego”.
A Pablo le encanta viajar, y todos los veranos se va de
vacaciones un mes al sudeste asiático.
El primer año compra un seguro médico que le cuesta 100
euros, y afortunadamente no tiene que utilizarlo. “He tirado 100 euros a la
basura”, piensa al llegar a casa.
El segundo año, como anda justo de pasta, Pablo decide
ahorrarse el importe del seguro porque “total, es casi imposible que me pase
algo.” Le sale bien la jugada y se felicita por su astucia. “¡Qué pardillos son
todos esos mochileros que le regalan su dinero a Mapfre!”, reflexiona con una sonrisa
en la boca. Con los 100 euros se compra unas nuevas zapatillas de running
fosforitas de la marca Asics.
Pablo sigue viajando sin seguro los siguientes 5 años y
continúa sin tener ningún percance. “Ya me he ahorrado 700 euros”, calcula. Sin
embargo, el octavo año, tiene mala suerte y un conductor despistado le lleva
por delante cuando iba tranquilamente conduciendo la moto que había alquilado
en Chiang Mai. Tienen que trasladarle al hospital y hacerle varias pruebas y
operaciones, y acaba pasando un mes ingresado. Los gastos totales de la
estancia ascienden a 50.000 euros, que corren de su bolsillo porque el tipo que
le golpeó se dio a la fuga.
Aunque hasta ese momento Pablo se había ahorrado 700 euros,
el accidente en Tailandia fulmina de un plumazo todas tus ganancias y además le
deja ‘fuera de juego’. La deuda de 50.000 euros le corta las alas. Se acabaron
los viajecitos y las cenas con amigos durante una larga temporada.
Dos lecciones que extraer de esta historia:
1.- Da igual que tengas buena suerte durante muchos años si eres
vulnerable a un golpe inesperado de mala suerte. Además, cuanto más improbable
sea que ocurra un suceso, más graves suelen ser sus consecuencias porque más
desprevenido te pilla.
2.- Una decisión estúpida sigue siendo estúpida aunque salga
bien. Hay que tener siempre en cuenta tanto lo que ocurre como lo que podría
haber ocurrido. Una persona que apuesta todos sus ahorros al número 23 de la
ruleta es un descerebrado tanto si gana como si pierde.
No podemos eliminar ni controlar el azar, así que no nos
queda más remedio que aceptar que a veces nuestras decisiones saldrán mal y
tendremos pérdidas. La clave está en asegurarnos de que estas pérdidas sean
asumibles, estén limitadas y en ningún caso puedan dejarnos fuera de juego.
2. Ponte (continuamente) en situaciones en las que tengas
más de ganar que de perder
A la hora de analizar la posible rentabilidad de una
decisión hay que tener en cuenta dos factores:
La probabilidad de que ocurra cada resultado
El impacto de esos resultados
Normalmente nos fijamos sólo en el primer punto, la
probabilidad, pero ignoramos el impacto.
Recuerda la historia de Pablo. Digamos que tenía un 99% de
probabilidades de que no le pasase nada y se ahorrase 100 euros, y sólo un 1%
de que le ocurriese un accidente grave. Aunque en su situación perder era muy
difícil, no le compensaba jugar porque si le sorprendía la mala suerte –como
acabó ocurriendo– las consecuencias podían ser desastrosas. Pablo tuvo en
cuenta únicamente las probabilidades y no el impacto, y lo acabó pagando.
Representación gráfica de la historia de Pablo
Igual que en el caso de Pablo, la mayoría de las decisiones
en la vida son asimétricas. Es decir, la probabilidad de ganar o perder no es
la misma y, más importante todavía: el impacto de los distintos resultados
tampoco es el mismo. El truco está en ponerte continuamente en situaciones en
las que, en conjunto (teniendo en cuenta probabilidad e impacto), tengas más
posibilidades de ganar que de perder.
Ángel trabaja como programador en una gran compañía de
software a cambio de un sueldo fijo mensual.
Ascender en la compañía de Ángel es un proceso lento.
Normalmente lleva dos años subir al siguiente nivel, lo cual supone un
incremento de sueldo de un 20%, y la dificultad es mayor cuanto más arriba te
encuentras en la jerarquía.
Por otro lado, el riesgo laboral al que está sometido Ángel
es muy bajo. Aunque en ocasiones han despedido a algunos empleados en su
compañía, este hecho es bastante raro, y en caso de que ocurriese no supondría
un gran problema para él porque tiene ahorros y actualmente existe una gran
demanda de ingenieros informáticos.
Tras 4 años en su puesto y después de haber acumulado
suficiente dinero para sobrevivir sin agobios durante una década, Ángel decide
abandonar la gran compañía para viajar por el mundo e intentar ganarse la vida
aprovechando las posibilidades que ofrece Internet.
Tal y como habías imaginado, lo que acabas de leer es mi
historia. Dejé Microsoft para viajar y montármelo por mi cuenta después de
haber ahorrado una buena suma de dinero. La pregunta es: ¿fue una buena
decisión o una locura?
Vamos a analizarlo teniendo en cuenta todo lo anterior.
En Microsoft me encontraba en una situación de seguridad.
Tenía unas ganancias fijas mensuales y, aunque no iban a crecer ni mucho ni
rápido, la probabilidad de perderlas de un día para otro era muy pequeña (y
algo asumible en el raro caso de que ocurriese).
Mi carrera como Ingeniero Informático en una gran
multinacional
El blog y los negocios online, al contrario que mi empleo en
Microsoft, no tienen unas ganancias máximas. Los beneficios que pueden generar
son ilimitados, pero también fluctúan mucho más (desde 0 a millones de euros al
año). En cuanto a los riesgos, sí que están limitados. Emprender en Internet
requiere una inversión económica baja, y aunque yo no tuviese ingresos en
varios años, podría sobrevivir gracias a mis ahorros. Es más, si acabase
arruinándome, no tendría problema en encontrar trabajo como programador ya que
la demanda es altísima.
Que un negocio online como Vivir al Máximo sea rentable
depende de dos factores: lo bien que haga las cosas y la suerte. El hecho de
que tenga bastante dinero ahorrado limita el riesgo al que me expongo, y me
permite intentarlo una y otra vez (ensayo-error), aprender por el camino y de
esta manera incrementar cada vez más las probabilidades de “dar un pelotazo”
(ayudado por un golpe de suerte, claro).
Lo que busco es exactamente lo opuesto a lo que le ocurrió a
Pablo: tener pequeñas pérdidas durante un tiempo para luego conseguir una gran
ganancia.

La idea detrás de mi decisión de dejar Microsoft. Ten en
cuenta que las posibles ganancias no son sólo en el área económica, sino
también en cuanto a estilo de vida, experiencias, amistades, aprendizajes…
Calificar la decisión de dejar Microsoft como ‘buena’ o
‘mala’ es algo subjetivo, pero lo que no es discutible es que ahora estoy en
una situación en la que tengo más de ganar que de perder, y en la que dispongo
de suficiente tiempo para que –si hago las cosas medianamente bien y no dejo de
intentarlo– el azar me haga ganar. Cuando eso ocurra, parecerá que ha sido un
golpe de suerte, y aunque obviamente la suerte tendrá un papel importante pocos
sabrán que la estaba esperando.
3. Ten opciones
El último componente de la buena suerte es el más importante
de todos: tener opciones.
Tener opciones te permite cambiar de rumbo a mitad de camino
para aprovechar las situaciones ventajosas que se te presentan en la vida,
mientras que no tener opciones te obliga a seguir un camino determinado aunque
sea negativo para ti.
Ana decide alquilar un piso en el centro de Madrid por el
que paga 400 euros al mes.
Al poco tiempo, hay en España un fuerte boom inmobiliario.
Los precios del ladrillo se disparan y los apartamentos como el suyo empiezan a
alquilarse por 600 euros. Sin embargo, el contrato que Ana firmó con el casero
es por tiempo indefinido, así que ella tiene la suerte de poder seguir pagando
sólo 400.
Unos años más tarde, con la llegada de la crisis económica,
explota la burbuja y los precios de las casas caen en picado. Alquilar un piso
como el de Ana ahora sólo cuesta alrededor de 200 euros al mes. Ana le pide a
su casero una rebaja, pero él se niega, así que cancela su contrato y se muda a
un apartamento similar en la misma calle por el que paga 225 euros mensuales.
Como ves, el que Ana tuviese la opción de quedarse en el
piso o marcharse según le conviniera fue lo que la hizo inmune a la suerte,
porque pasase lo que pasase siempre iba a salir ganando.
Además, fíjate en que Ana no necesitó ningún tipo de habilidad
especial o talento, ni tuvo que comprender el porqué de las bajadas y subidas
de precio de los pisos para beneficiarse de ellas. Lo único que tuvo que hacer
fue saber identificar las buenas oportunidades y aprovecharlas.
Asimilar esto último es fundamental, porque significa que
aunque la inteligencia y el saber cuentan, es mucho más importante tener
opciones, saber reconocer una oportunidad beneficiosa y descartar la
alternativa de menor valor.
La moraleja en este caso es que para tener suerte tienes que
aumentar tus opciones. Y la mejor manera de conseguirlo es mejorando tres
aspectos de tu vida:
- Economía. Si tienes problemas para llegar a fin de mes te
verás obligado a tomar decisiones poco beneficiosas que limitarán tus opciones.
Por otro lado, aunque no siempre sea el caso, algunas opciones cuestan dinero,
lo que quiere decir que cuanto mejor estén tus finanzas más opciones tendrás a
tu alcance.
- Libertad. Para poder aprovechar algunas opciones, como un puesto de trabajo en el extranjero o la publicación de un libro, necesitas poder irte a otro país y tener tiempo, respectivamente. De ahí la importancia de la libertad. Cuantas menos ataduras tengas (deudas, compromisos…), de más opciones dispondrás.
- Habilidades. Igual que algunas opciones tienen precio, otras requieren de un cierto nivel de destreza para poder ser aprovechadas. Por eso, adquirir nuevas aptitudes mejorará tus opciones y contribuirá a que la suerte pueda encontrarte. Scott Adams le da tanta importancia a desarrollar capacidades útiles que afirma que “cada nueva habilidad que adquieres duplica tus probabilidades de éxito”.
Yo, por ejemplo, nunca podría haber dejado Microsoft si no
hubiese cuidado mis opciones trabajando las tres áreas anteriores:
- Llevar una vida modesta y ahorrar parte de mi sueldo todos
los meses me dio la opción de elegir mi siguiente paso sin tener presión
económica.
- Vivir de alquiler en vez de meterme en una hipoteca me dio
la opción de abandonar Seattle cuando yo lo decidí.
- Saber inglés, haber leído mucho y tener conocimientos de
marketing online e informática me dio la opción de empezar mi nueva carrera
profesional como bloguero
Lo repito una vez más: tener opciones y aprovecharlas
equivale a tener buena suerte. Revisa tu propia vida y estoy convencido de que
llegarás a la misma conclusión.
Resumen y aplicación práctica
Nuestra vida está fuertemente influenciada por el azar y por
sucesos sobre los cuales no tenemos ningún control. En algunos casos no podemos
hacer nada al respecto (elegir dónde nacer, por ejemplo), pero en otros casos
nuestras acciones tienen el poder de atraer o repeler la buena suerte. Digamos
que el destino reparte las cartas, pero nosotros podemos mejorarlas y elegir
cómo las jugamos.
Como en cualquier juego de cartas, en la vida existen
estrategias para aumentar nuestras posibilidades de éxito, y la mía se puede
resumir en una sola frase:
Para tener buena suerte, blíndate ante posibles eventos
catastróficos e incrementa tus opciones para poder aprovechar las oportunidades
que te brinde la vida y ponerte en situaciones en las que tienes más de ganar
que de perder.
Es decir:
1.- Evita estar expuesto a sucesos que, aunque sean improbables,
puedan dejarte permanentemente ‘fuera de juego’
2.- Mejora tu economía, tu libertad y tus conocimientos para añadir nuevas opciones en tu vida
3.- Aprovecha esas opciones para tomar decisiones cuyos posibles beneficios superen con creces las pérdidas
4.- Se persistente hasta que “tengas suerte”
Esta gráfica representa una situación con “Más ganancias que
pérdidas”. Si consideramos como estado inicial el “Usted está aquí”, cuando la
variable X aumenta una cierta cantidad los beneficios son mayores que las
pérdidas cuando la variable X disminuye esa misma cantidad.
Por último, me gustaría
compartir contigo una estrategia que propone Nassim N. Taleb en
Antifrágil para crear tus propias situaciones con “más ganancias que pérdidas”
como la de la gráfica. Se trata de la Estrategia de la Mancuerna (Barbell
Strategy) y consiste en combinar siempre dos extremos: uno seguro (pérdidas
limitadas) y otro especulativo (ganancias ilimitadas).
Algunos ejemplos:
Tener un empleo de funcionario con un sueldo fijo y en tu
tiempo libre montar tu propio negocio (lo que hizo mi padre)
Acumular suficientes ahorros como para poder sobrevivir
durante varios años y luego dedicarte a viajar por el mundo e intentar sacar
adelante Proyectos Grandes y Locos (lo que hice yo)
Tener el 90% de tu dinero en cash e invertir el 10% restante
en startups tecnológicas que seguramente fracasen pero que tengan el potencial
de convertirse en el nuevo Twitter
Tener un novio estable que te quiera y cuando no se dé
cuenta acostarte con “el de la moto”
Etc.
La idea es jugar sobre seguro en algunas áreas de tu vida,
para limitar las posibles pérdidas, y arriesgar al máximo en otras buscando dar
el pelotazo.
¡Y eso es todo! Un abrazo… y buena suerte
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Este es uno de los artículos que más me ha costado escribir
desde que abrí el blog. Algunos de los conceptos que he tratado son bastante
abstractos y no es fácil explicarlos de una manera práctica y para todos los
públicos. ¡Espero que no te hayas vuelto loco leyéndolo y que puedas
aprovecharlos!
Y tú, ¿qué papel piensas que juega la suerte en nuestras
vidas y cómo podemos ponerla de nuestro lado?
Si te interesa tanto como a mí todo este tema de la suerte,
el azar, la probabilidad y las predicciones, te recomiendo los siguientes
libros, que me han inspirado a la hora de escribir este post:
=El cisne negro, de Nassim Nicholas Taleb
=¿Existe la suerte? , de Nassim Nicholas Taleb
=Antifrágil, de Nassim Nicholas Taleb
=Pensar rápido, pensar despacio, de Daniel Kahneman
=Cómo fracasar en casi todo y aun así triunfar, de Scott
Adams
=La señal y el ruido, de Nate Silverhttp://viviralmaximo.net/



